domingo, 28 de junio de 2009

He contado una estrella de más.


Nunca antes me había quedado tanto tiempo mirando fijamente esa estrella. Esperando que me diese una señal. Que por un momento brillase más. Que me indicase de alguna manera, que en ese mismo instante, en algún lugar de mi mundo, tú también estabas observándola. Nunca me pasé tanto tiempo paseando por una playa, solitaria, sin una mano que coger, pero pidiéndole a cada ola que me trajese en ese preciso instante el sabor de uno de tus besos. Nunca había estado tan ebria de sueños que aún están por cumplir, y que probablemente nunca se cumplan. Nunca había visto brillar tanto el sol, ni me había fijado lo largos y grises que son los días si no te veo. Nunca antes había llorado escuchando una simple canción de La Quinta Estación. Jamás creí que podría perdonar tantas cosas. Y si alguna vez encuentras a esa "princesita" que me supere en todos los sentidos, no creas que te voy a hacer la estúpida pregunta de "¿A quién prefieres? ¿A ella o a mi?". Simplemente me marcharé sin hacer ruido, por el mismo camino por el que he venido. Y ni te atrevas a dudar que nadie nunca te querrá como yo te he querido...♥


...En ocasiones me quedo sin palabras, se agota mi diccionario, no puedo escribir un texto en el que con tan solo 134 palabras lo diga todo, es entonces cuando entiendo que el silencio es el mejor método de supervivencia...

lunes, 23 de marzo de 2009

Sueños.


Se aloja el frío de cada mañana de primavera en mi piel. Como recuerdo de aquella noche en que vine, te besé y me marché, queda el tambaleo de mis piernas. Todos mis sueños, todos y cada uno de mis sueños, desembocan en un mismo mar. Y un suspiro se me atraganta en el alma. Como duele el querer y no poder, o el poder y no saber. Sigo el mismo cauce que seguí siempre, con poco caudal y desbordándome cuando tú estás enfrente. Y en silencio me repito a diario el mismo "no más" de siempre, si no quiero que nadie sepa que ahogo en mi garganta gritos de silencio. Continuo desalojando miradas de los ojos que algún día miraron al suelo por miedo a encontrarse con los tuyos. Miedo o esperanza de encontrarlos para no volver a perderlos nunca jamás. Pero me sigo repitiendo que todo lo que escribo son pensamientos, sueños. Y los sueños, sueños son.

viernes, 20 de marzo de 2009

Empezamos bien...



Mareo. Todo te da vueltas. No le encuentras sentido a la realidad. Gritos. Voces. Pierdes el control de tí misma. Dejas de oír gritos. Todo oscuro. Y es entonces cuando dejas de recordar. Luego vuelves a ver una serie de personas a tu alrededor. No entiendes nada. Intentas descifrar sus caras de preocupación. Por un momento te preguntas quiénes son. Intentas respirar pero no puedes. Náuseas. Vómitos. Algo te impulsa contra el suelo. Y lloras. Lloras como una cobarde. Tienes miedo. Ahora más que nunca. Por muchas veces que hayas deseado morir, temes a la muerte. Cuando vuelves a despertar estás en una ambulancia. Y ni siquiera sabes qué te pasó. Media hora. Médicos. Papeles. Más médicos. Carretera. Sirena. Una voz a tu izquierda que hace que te relajes. Hospital. Urgencias. Interrogatorios. Estás en una camilla y no sabes ni quién está en la de al lado. Más interrogatorios. Tu madre. Llorando. Y vuelves a llorar. Mil preguntas. Ya no sabes ni qué contestar. Electrocardiograma. Te pinchan. Casi no duele. Te vuelven a pinchar. Pero esta vez sí que duele. Chillas. Gritas. Lloras. No aguantas. Otro pinchazo. Y otro. Y otro más. Ves mil tubos de sangre. Te hacen millones de pruebas y placas. Una maldita pastilla pequeña. Y te quedas como una gilipollas allí tirada. Cuando te diagnostican un paro cardiorespiratorio en conjunto con un trastorno alimenticio no entiendes nada. Pero agradeces a cualquier médico que te deje salir de allí de una vez. ¿Ahora? Estoy bien, gracias.
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